Sinhogarismo y crisis del COVID 19: retos y políticas en la UE – María José Aldanas | RevistaXDS

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María José Aldanas, Policy Officer en FEANTSA

Las personas sin hogar son un grupo especialmente vulnerable en el contexto de la pandemia de COVID-19. Dormir en la calle o en alojamientos temporales les pone en alto riesgo de transmisión y dificulta su acceso a espacios en que puedan asegurar su higiene y su aislamiento. Las personas sin hogar son población de riesgo ya que sufren de problemas de salud y discapacidad en mayor grado que la población general. La prevalencia de enfermedades respiratorias entre la población de personas sin hogar es alta y en caso de contraer la COVID-19, tienen más probabilidades de enfermar  gravemente y morir.

Además, las personas sin hogar enfrentan múltiples barreras para acceder a la atención médica y a la información sobre salud pública. Por todo ello, desde el principio FEANTSA y sus miembros entendieron que proteger a las personas sin hogar era un elemento clave para manejar la crisis de salud pública en general y que muchas de las medidas dirigidas a la sociedad en su conjunto no eran realistas para las personas que viven en la calle.

A medida que la pandemia se extendió, los servicios para personas sin hogar y los gobiernos actuaron conjuntamente para proteger la salud y el bienestar de las personas que vivían en la calle. FEANTSA ha realizado un seguimiento de las medidas de emergencia puestas en marcha para proteger a las personas sin hogar en Europa y se ha hecho evidente que, cuando hay voluntad política y se ponen los medios adecuados, el fenómeno del sinhogarismo está mucho más cerca de poder erradicarse.

Entre las medidas de emergencia han estado las de asegurar el acceso a la higiene y a la comida junto al acceso a un alojamiento seguro.

Las entidades que gestionan estos servicios y los gobiernos han tomado rápidamente medidas para mantener el acceso a los centros de acogida durante la pandemia. Algunos países, como Francia, Bélgica, Luxemburgo y otros han extendido los llamados “programas invernales” (operación frio en ciudades españolas) para evitar cerrar albergues y expulsar a las personas a la calle durante la pandemia.

Los servicios sociales esenciales se han seguido prestando a pesar del confinamiento en muchos países.

Para poder acoger de la manera más segura posible, los servicios de alojamiento, donde las instalaciones siguen siendo compartidas y los dormitorios son comunes, han tomado medidas muy variadas: medidas de higiene reforzadas, medidas para reducir el riesgo de transmisión, reducir la rotación diaria de usuarios dentro y fuera del albergue, visitas reducidas y medidas para el personal de atención, reserva y adquisición de viviendas para garantizar el aislamiento, albergues adicionales para evitar el hacinamiento. Incluso, como se hizo en Francia, se han abierto centros de alojamiento de emergencia adicional proporcionado por las autoridades regionales para reducir el hacinamiento en los  albergues y, por lo tanto, facilitar el distanciamiento físico., etc. Todo esto no ha sido sencillo y ha requerido de nuevas contrataciones de personal así como de la incorporación de voluntarios adicionales en muchos casos.

Siguen existiendo demasiados centros residenciales de gran capacidad con dormitorios compartidos en los que resulta más difícil aplicar las medidas preventivas necesarias en caso de presentarse casos de infección de la enfermedad. Si la crisis ha mostrado algo es que no podemos permitirnos seguir con este modelo de atención y que en toda Europa debería apostarse por soluciones basadas en la vivienda.

Simultáneamente con la adaptación de recursos, una de las principales prioridades para gobiernos y servicios de atención a personas sin hogar ha sido el aumento de viviendas de emergencia como una alternativa al alojamiento compartido que permita que las personas sin hogar puedan aislarse.

En suma, se han puesto en marcha iniciativas, que brindan un mayor número de espacios para un alojamiento seguro y apropiado.

En toda Europa se  han desplegado para este propósito medidas que han dado prueba de valentía y creatividad: uso de hoteles cerrados, alojamientos de Airbnb vacíos, edificios públicos, etc.

En paralelo, han sido imprescindibles medidas contundentes para reducir un nuevo flujo de personas vulnerables. Podrían quedarse sin hogar muchas personas a medida que el impacto económico de la crisis se haga sentir salvo que se actúe simultáneamente en varios frentes: mantenimiento de la vivienda y garantía de rentas.

Se han anunciado una miríada de medidas específicas temporales para evitar en lo posible que miles de familias dejen de pagar sus rentas de alquiler y pierdan su vivienda. Por ejemplo, en Francia, la moratoria de desahucios sobre los desalojos se ha ido extendiendo hasta el mes de julio para evitar que las personas pierdan su vivienda por desahucio. En España, la suspensión de decisiones judiciales no esenciales incluye los desalojos.

Del establecimiento de medidas más amplias para proteger a las personas vulnerables del impacto económico de la pandemia dependerá el futuro del sinhogarismo.

En este momento en que ya comienzan a levantarse las medidas de confinamiento, se debe de velar por seguir acompañando a las personas sin hogar, mantener el impulso iniciado y aprovechar el trabajo ya realizado para asegurarse de que nadie vuelva a la situación de calle.

“Quédate En Casa” No es una opción para personas sin hogar

FEANTSA reaccionaba de esta manera a los pocos días de que
Europa se convirtiera en el epicentro de la pandemia, un lema que se ha repetido con diferentes palabras. Leilani Farha ha hablado de la vivienda como “la primera línea de defensa contra la enfermedad”.

FEANTSA ha hecho un llamamiento a los gobiernos para que proporcionen soluciones de vivienda definitivas. Además, al ser mucho más probable el riesgo de quedarse sin hogar después del confinamiento, la vivienda debería estar en el centro de las agendas políticos de los gobiernos. FEANTSA ha pedido a las autoridades que actúen según tres principios clave a medida que levantan las medidas de confinamiento: Proporcionar, proteger, prevenir.

  • Proporcionar soluciones de vivienda adecuadas y permanentes para garantizar que nadie regrese a una situación de sin hogar tras el desconfinamiento. Los gobiernos deberían aprovechar esta oportunidad para ofrecer a las personas que no tienen hogar al acompañamiento social adecuado: servicios de atención a las personas con dependencias, servicios de salud mental, por ejemplo, que les sirvan de apoyo para el mantenimiento de una vivienda permanente.
  • Proteger a los que se encuentran actualmente en alojamientos de emergencia. Las autoridades deberían prolongar la provisión de alojamiento temporal adecuado hasta que puedan proporcionar soluciones permanentes.
  • Prevenir que otras personas se queden sin hogar como resultado de las consecuencias económicas relacionadas con la pandemia. Los gobiernos deben tomar medidas para evitar desahucios, garantizar ingresos y brindar apoyo a quienes no pueden costearse el alquiler o la hipoteca. La finalización repentina de medidas tales como suspensiones de desalojo y rentas de alquiler pondrá a miles de personas en riesgo de quedarse sin hogar.

Estos son los retos más importantes que competen a los gobiernos europeos nacionales, regionales o locales.

Ahora bien, la Unión Europea también tiene un papel importante que desempeñar.

Puede, por ejemplo, proporcionar un marco  que permita a los Estados miembros avances progresivos para alcanzar un objetivo compartido: acabar definitivamente con el sinhogarismo.

Puede impulsar el compromiso político, crear conciencia, fomentar el debate y cambiar las actitudes. Puede promover buenas prácticas y facilitar el aprendizaje y el intercambio. Puede hacer un seguimiento exhaustivo del fenómeno de las personas sin hogar y el progreso en su abordaje en todos los Estados miembros.

Puede apoyar la ampliación de políticas integrales que se basen en la vivienda como elemento de recuperación de la persona, donde esta recibe los apoyos necesarios.

El presupuesto de la UE puede movilizarse para abordar esta problemática y de hecho el nuevo marco financiero plurianual tiene muchas potencialidades en ese sentido. Algunas de las cuestiones mencionadas ya se vienen haciendo pero hay cabida para que seamos mucho más ambiciosos.

En 2021, la Comisión Europea lanzará un plan de acción para cumplir con el Pilar Europeo de Derechos Sociales. La prioridad 19 del Pilar incorporar la vivienda y la asistencia para personas sin hogar. Esta será una oportunidad única para fortalecer el papel de la UE en la lucha contra las personas sin hogar.

La pandemia ha demostrado de manera indudable lo esencial que es un hogar adecuado para la salud y el bienestar; y lo vulnerables que son los individuos y las sociedades cuando este hogar no existe o no cuenta con las condiciones adecuadas. Pero también ha demostrado que los gobiernos pueden tomar medidas extraordinarias como ya hemos mencionado a lo largo de este artículo. Desde la UE se han movilizado 7 millones de euros de financiación adicional durante la crisis. Incluso el Parlamento Europeo ha puesto a disposición edificios, comedores y otros servicios.

Definitivamente no podemos seguir aceptando que la existencia de personas sin hogar es un hecho inevitable en la UE y en nuestras manos está conseguirlo.

Artículo publicado en el número 12 de la Revista Por Derechos XDS realizada por el Departamento de Alianzas, Incidencia e Internacional de Fundación Cepaim disponible en nuestra Biblioteca.

Autor: F. Cepaim

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