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Lo maravilloso de la vida es que pase el tiempo que pase, y veas lo que veas siempre te sorprende. Y sin duda el fin de semana del 3 al 4 de mayo en Lepe, Huelva, paso algo sorprendente, algo que nos empuja aún más a trabajar con fuerza desde la Fundación Cepaim. Y es que estamos realmente convencidos que los verdaderos cambios, los profundos, son protagonizados por personas pequeñas, por pequeños grandes gestos, y en lugares pequeños. Convencidos de que las personas más vulnerables de nuestra sociedad no son el “problema”, si no la clave para la regeneración social, política, ética, y también económica que la sociedad está reclamando a día de hoy.

Ese fin de semana de mayo, que condenso el trabajo de toda una semana, con 7 días, 180 horas y 10.080 minutos en los que sentimos que estábamos preparando un sueño. Un sueño que nos permitió disfrutar de mucho, 10.080 minutos de grandes personas, de grandes gestos.

Fueron 160 kilómetros, 500.000  pasos, pasos fuertes, firmes, los dados por  Enrique Llimona durante esas largas 24 horas. Enrique gracias, porque nos has ayudado a seguir soñando con más fuerzas que nunca por un mundo más justo, por un mundo mejor.

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Y como si eso fuese poco, vivimos 400 gestos más. En cada una de las persona inscritas en la carrera popular 1ª Ioyana de Huelva, que hicieron mucho más que correr, agrandaron y fortificaron el camino que antes había comenzado Enrique en una explosión de entusiasmo, de convivencia y alegría.

Vimos los gestos del entramado empresarial de la zona, que a fuerza de vueltas han contribuido a limpiar la imagen mal entendida de un barrio.

Y un club, “el Triatlón Huelva” que ha apostado por ser nuestro compañero de viaje, y que esperamos sea ya parte de nuestro equipo en la construcción de un hermoso castillo de solida arena llamado: convivencia intercultural.

Para el equipo de la Fundación Cepaim todo ha sido tan especial que no podemos decir más que ha sido un hermoso sueño hecho realidad.

Y es que la calle ha hablado a través de las personas, personas que apoyaron el reto. Conductores de autobuses tocando la bocina y animando a Enrique Llimona al subir cada cuesta. Aplaudiéndole al pasar por su comercio, por la puerta de su casa, o siguiendo su carrera en bicicleta, tras una pelota o a pie, al ritmo de Enrique.

Y no podemos acabar esta crónica con mejores palabras que las que escribió el propio Enrique Llimona sobre la Fundación al terminar su reto solidario:

 “Esta crónica va de los sueños Javier Pérez o Javi “ONG”… Erase una vez una persona buena, transparente, centrada en los demás cuyo sueño era tener la oportunidad de seguir ayudando a las personas que más lo necesitan. Una persona, miembro de un equipo digno de admiración (Fundación Cepaim) del que he aprendido cada segundo que he compartido con ellos. Una persona entregada que ha vivido el proyecto en primera persona de principio a fin. Pendiente a cada gesto, a cada necesidad.

Aparecía corriendo en el Saladillo a las 9:30 de la mañana con los ojos colorados como un niño de 8 años que llega tarde al “cole” pidiendo perdón por no haber estado a las 07:00 para dar la última vuelta…

-Enrique perdona amigo, me he quedado dormido, estaba destrozado. – Y yo me preguntaba… que hago me lo como a abrazos? No se puede ser más bueno. Paul Newman, ha sido un regalo el poder haberte conocido.

Gracias de corazón por haberme recordado cuales son las cosas importantes en esta vida…te contaré un secreto…estuviste las 24 horas conmigo… gracias. Sueño cumplido.

Joder me emociono sólo de recordarlo…esto es muy grande!!»

 

Tras esta resaca de entusiasmo y sueños cumplidos solo nos queda seguir y seguir y seguir trabajando por aquello que creemos, por aquello que cada día seguimos aprendiendo de todas y cada una de las personas con las que convivimos. Y como decía una gran poetisa. “quedará de nosotros y nosotras algo más que el gesto y la palabra, ese ansia de libertad se contagia”.

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Autor: Fundación Cepaim

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