MANIFIESTO DIA DE LAS PERSONAS MIGRANTES 2019

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Categorias: Trabajo Social,Voluntariado,YoSoyRefugio

18 de diciembre de 2019

Desde Fundación Cepaim manifestamos ante la sociedad española que la inmigración, las personas inmigrantes y refugiadas son un factor clave para el desarrollo de nuestro Estado, posicionándonos contra los discursos y las opciones sociales y políticas que se sitúan frente a la inmigración y las políticas de integración y convivencia.

Un año más, el 18 de diciembre, Día Internacional de las Personas Migrantes,  nos convoca a vecinos y vecinas que día a día reivindicamos el derecho de las personas migrantes a disfrutar de un proyecto de vida digno en nuestros barrios y municipios.

El pasado diciembre de 2018, los estados miembros de la ONU, acordaron en Marrakech, suscribir el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular, que supone el primer acuerdo global de la ONU sobre un enfoque común para la migración internacional en todas sus dimensiones. Un pacto que habla de la necesaria cooperación para aprovechar los beneficios de los procesos migratorios y que aborda los riesgos y desafíos para las personas y las comunidades en los países de origen, tránsito y destino. Un pacto que pretende mitigar los factores adversos que impiden a las personas construir y mantener medios de vida sostenibles en sus países de origen y que pretende reducir los riesgos a los que se enfrentan las personas migrantes en tránsito. Y crear condiciones propicias que permitan a todas las personas contribuir al desarrollo sostenible a nivel local, nacional, regional y global.

Estos acuerdos internacionales suponen un necesario  avance en el ámbito de la acción política global,  pero el mayor reto que tenemos desde la ciudadanía, y por eso hoy nos congregamos aquí, está en nuestros pueblos, en nuestros barrios y en nuestras comunidades de vecinos y vecinas. Tenemos que contribuir, de forma individual y como ciudadanía activa y comprometida, a desmontar los falsos discursos sobre la inmigración y las personas inmigrantes.

Mensajes que calan en una parte de la ciudadanía por su simpleza, pero que  se demuestran  falsos con solo contrastarlos a la luz de la realidad objetiva de los datos.

No hay más delincuencia  por el incremento de la presencia de población inmigrante en nuestras ciudades. No, no saturan la sanidad pública. No, las personas inmigrantes no quitan el trabajo a las españolas,  los datos demuestran que trabajan en donde los necesitamos, mantienen viva nuestra agricultura, cuidan a nuestros padres y madres, son emprendedores, aportan diversidad e innovación y una alta preparación en muchos otros casos, a coste cero. No, los menores extranjeros no acompañados no son MENAs, son niños y niñas que necesitan de la mayor de las protecciones. No, las personas migrantes no reciben más ayudas, al contrario, aportan más de lo que perciben, contribuyendo al mantenimiento de la economía, en la medida  que a pesar de ser más pobres, perciben menos subsidios. 

La inmigración, no supone un lastre para el Estado de Bienestar español, sino más bien, lo contrario.

 

Las personas inmigrantes no son un problema, son parte de la solución a algunos de los problemas que nos afectan, como el envejecimiento de la población española, la baja natalidad, la falta de mano de obra para determinados trabajos, la despoblación de las zonas rurales…

No son las personas inmigrantes y refugiadas las que atentan contra nuestros valores democráticos, quienes si lo hacen son  la xenofobia, el racismo, la discriminación y la desigualdad. En Europa y  en España nos preocupa la proliferación de discursos y partidos políticos de extrema derecha con una ideología xenófoba que rompe la convivencia y la promoción de la diversidad cultural, como un valor global y universal, como patrimonio de la  humanidad.

La diversidad es sinónimo de riqueza, de creatividad, de innovación, de desarrollo.

No podemos olvidar que tras los números de la inmigración hay personas, familias, historias de vida, anhelos, sueños y esperanzas.  Mientras centramos nuestros esfuerzos en la protección de nuestras fronteras exteriores, crecen otras fronteras menos visibles en el interior de nuestras ciudades. Fronteras que separan a la población autóctona de la inmigrante y refugiada, generando una ausencia de relación, de conocimiento mutuo que nos conduce hacia el miedo a la diferencia cultural, la xenofobia, el racismo y la discriminación. Males de nuestra sociedad que nos enfrentan a personas contra personas.

Nos situamos como planeta ante uno de los mayores retos globales, el desplazamiento humano en el mundo, tanto voluntario, como forzado por causas económicas, políticas, sociales o bélicas, a las cuales se unen las climáticas, como hemos recordado en estos días coincidiendo con la Cumbre del Clima que se ha celebrado recientemente en Madrid, razones todas ellas que tienen sus raíces en la desigualdad.

Los Estados, en la gestión de sus fronteras exteriores, deben garantizar el cumplimiento de los derechos humanos y la legislación internacional, propiciando vías seguras de entrada que eviten la inmigración irregular, las muertes, la trata de personas y las mafias. Hablamos de seres humanos que solo buscan una vida más digna o protección.

Se hace imprescindible invertir por parte de todos los Estados en políticas de integración, que creen ciudadanía, convivencia y que construyan espacios y tiempos para la relación, la comunicación y la vida en común entre la población autóctona y migrante.  Así como políticas que eviten nuevas desigualdades e impulsen el desarrollo en los países de origen y tránsito de las personas migrantes. Desde Fundación Cepaim, apostamos por la construcción de una sociedad intercultural basada en la defensa de los derechos humanos y el respecto de las diferencias culturales; sabiendo que las políticas de integración y de convivencia nos conciernen a todos y  son una inversión para el presente y futuro.

Desde Fundación Cepaim seguiremos proponiendo la promoción de políticas sociales al servicio de la ciudadanía, que corrijan desigualdades, que permitan superar situaciones de pobreza y exclusión, y que pongan a las personas, en el centro de la acción política y social.  La erradicación de cualquier forma de tortura o maltrato hacia las personas migrantes. El respeto del derecho de cualquier persona a moverse libremente para emprender e iniciar un proyecto de vida digno en cualquier lugar.

La persecución con todas las herramientas institucionales y legales de cualquier forma de actitud o compartimiento racista y xenófobo. Garantizar el derecho al voto, como vecinos y vecinas y contribuyentes que son, de las personas migrantes, para que sus necesidades y reivindicaciones puedan tener eco e incidencia en el debate político.

Porque ningún ser humano es ilegal, porque los derechos humanos son la base para la convivencia armónica,  porque creemos en un mundo inclusivo e intercultural, apoyemos este manifiesto.

FUNDACIÓN CEPAIM

Autor: F. Cepaim

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